miércoles, 30 de agosto de 2017

La teoría de la autonomía…

 Por: Mario Herrera

 ¿De quién es la culpa? Hoy viajaba en una guagua y de pronto, escucho el murmullo a viva voz de la exigencia: ¡Oyeee! ¡¿Hasta cuándo, Papa?! La parada de 41 y 70 ya no existía, y el chofer, sin soltar el timón, les dio la respuesta a los que se quejaban. Estos, en vez de aceptar un hecho, se apoderaron de un intento de razón pública: ¡Esta gente acaba con la quinta y con los mangos! ¡ Hacen lo que les da la gana¡ Y entonces recordé la Teoría de la Autonomía de la Santísima Voluntad, que tantas veces experimentamos algunos amigos en la universidad.
 De más está explicarla.

 Anoche veía el programa Vivir del cuento, y me reía en serio con la caracterización de Kike Quiñonez y su explicación de la ley de la oferta y la demanda en Cuba. Sencillamente genial. Si usted no lo vio, se lo resumo: los precios en Cuba los pone la dichosa ley, pero una versión cubana, en la que siempre aumentan, haya demanda por encima del producto, producto por encima de la demanda, igualdad ente ambas, presencia constante o no en el mercado, o sea, la ley de la oferta y la demanda funciona por la Teoría de la Autonomía de la Santísima Voluntad del vendedor.
 Les pongo un ejemplo: ¿quién cree usted que puso los precios de los Almendrones? Le pido que recapitule. Desde que los servicentros en Cuba dejaron de serlo para pasar a la forma superior de la incompetencia, el Cupet, el combustible no ha variado mucho de precio. ¿Recuerdan ustedes cuánto valía un viaje Habana-Alamar? Cinco cañitas, cinco pesos cubanos. ¡Sí! ¡MN! Pero por la teoría de la Autonomía de la Santísima Voluntad de los Boteros, lo subieron primero a a diez, y desde 2008, a veinte.
 Ahora, ¿qué motivó el alza del precio? El combustible ha tenido encarecimientos de diez-quince centavos, y descensos de… diez-quince centavos, siempre alrededor de un CUC el litro, legalmente. Pero recordemos que los boteros se lo compran a los choferes de vehículos estatales a un precio inferior, que es además, ilegal. ¿Entonces? Pero recuerden la existencia de los Camellos, aquellos camiones con un remolque que cargaban más alamareños que un tren en la India. Y los días en que estaba imposible. Entonces venían los que tenían más dinero y caían encima al botero apenas llegaba a la piquera. Era la ley de la Demanda y la Oferta. ¡Socio, te doy Diez! ¡Veinte¡, ¡A Caña! Y el botero, en plena facultad de sus conocimientos matemáticos y con el paso del tiempo, sacaba las cuentas: “Tanto me cuesta el petróleo, tantas personas, tantos viajes, el alquiler del carro, las gomas. A este paso en una semana traigo a la jeva de Cienfuegos, me alquilo en un buen lugar; en dos meses me echo un celular soquete, me busco a una querida, una vez al mes voy a Varadero con la jeva y pago los 900 cañitas; otra vez voy con la otra, me puedo tomar una buena botella a cada rato y a los tres años, me compro mi priopio almendrón y dejo este bota´o”.
 Algo de culpa tenemos en el funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda en Cuba, y de la Teoría. Gracias a esos que pagaban, por su Teoría, los almendrones son un caso complejo ahora. Les prometo algo al respecto.
 Le pongo otro ejemplo. Vaya, el más clásico: El Coppelia. Las bolas de helado del Coppelia. ¿Quién creó la bola hueca, chiquita y mal servida? ¿Bajo qué ley de oferta y demanda? ¿Bajo qué teoría?
 1998. Se reinaugura Coppelia con una expectativa tremenda. Las bolas de helado cambiaban su forma de cómo las concocíamos en la era dorada de los 80, pues durante la crisis económica era casi imposible probarlas. Pero cuando pasó la furia, llegó el helado hueco. Los boleadores la servían así… por la Teoría de la Autonomía de su Santísima Voluntad. Y a la cara del cubano. Usted se preguntará: ¿y la administración? Bien, gracias. Lo permitía… ya sabe usted gracias a cuál teorؙía. Años y años así. Y nosotros ahí, en el mismo Coppelia, bajo un sol infame, en una cola gigantezca, para eso.
 Algo de culpa tenemos en el funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda en Cuba, y de la Teoría.
 Pondría otros muchos ejemplos, pero por la Teoría de la Autonomía de la Santísima voluntad de mi hijo, debo dormirlo.