viernes, 19 de enero de 2018

El trabajo incomprendido



Por: Mario Herrera
 
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  Pronto veremos la vigésimo primera edición de la Copa del mundo de Futbol, Rusia 2018, y hay cuestiones, criterios, que me gustaría compartir. En marzo de 2018, el astro argentino Lionel Messi fue sancionado por la FIFA a cuatro partidos sin jugar, debido a ofensas contra un asistente en duelo que enfrentaba a su Selección, y a  Chile, en Buenos Aires.

  Messi fue, menos que amable, con la persona más querida para cualquiera.. La sanción de cuatro encuentros parecía excesiva para muchos, sobre todo, por lo mal que la pasaba Argentina en el proceso clasificatorio, y sacaba entonces al jugador, de la recta final, donde se la jugaban el todo por el todo.
  En un comunicado, la FIFA informó que la comisión disciplinaria, aplicó los artículos 77 a) y 108 del Código Disciplinario del organismo. Lo que complejizó el asunto, fue la actuación “de oficio” del ente rector del futbol mundial, pues los árbitros no recogieron el incidente en el informe final, y, específicamente el asistente número 1, dijo no haber escuchado nada ofensivo; que después, a través de la prensa, fue que entendió de qué se trataba y además, fue respaldado por sus compañeros, todos brasileños.
  La FIFA indicó, en el momento de abrir un procedimiento, que la Comisión Disciplinaria tiene "la competencia de sancionar faltas graves que no hubieran sido advertidas por los oficiales del partido".
  La Asociasión de Futbol Argentino interpuso recurso contra la  decisión de FIFA.
  Después, usted conoce la historia, la sanción fue levantada y Messi solo se perdió el choque frente a Bolivia, que además, cedió Argentina 0-2. La falta de pruebas exoneró al jugador. Solo existía la imagen de la televisión.
 No me quiero centrar tanto en este asunto, sino, en el por qué creo, no debió ser levantada la sansión. 
 En septiembre de 2016, el chileno Gary Medel fue expulsado de un encuentro frente a Paraguay, por las mismas ofensas, solo que contra el árbitro argentino Nestor Pitana.
  De hecho, la frase utilizada estaba dirigida a todos los argentinos, y recibió cuatro partidos de suspensión. Pitana sí anotó en el informe, el detalle
  Pero seguimos. Nos vamos a México, donde, en el torneo clausura 2017, la décima jornada no se efectuó debido a una huelga de árbitros. Estos consideraron que no tenían apoyo de la Federación, tras las agresiones a sus compañeros, y la sanción de algunos partidos para los jugadores, todo, según medios mexicanos, debido a  la presión de patrocinadores y televisión.
  Cuba no escapa al fenómeno. En la liguilla cubana, el principal Marcos Brea y jugadores de Las Tunas, tuvieron un altercado que sacará a todos los implicados, al menos por un par de años, de las competiciones oficiales.
  El fenómeno va también para las principales ligas del mundo, como sucedió en España, cuando Alexis Ruano agredió levemente al principal tras una expulsión, y le costó. Árbitros han perdido la vida, en altercados con jugadores. También entenadores han chocado con los colegiados.
  Juan Carlos Osorio se ha hecho famoso en México por las broncas en defensas de sus jugadores, como el choque frente a Nueva Zelanda, o versus Portugal, en la Copa de las Confederaciones.
  En segunda división de España, un jugador golpeó a un asistente y lo envió al hospital. Este atleta fue expulsado del club y de la liga de manera definitiva, y hemos llegado al punto, en el que, entenadores de categorias inferiores, o sea, de niños, insultaron a una árbitro, también menor de edad, durante un encuentro en la duodécima jornada de la liga de Alevines del futbol español, en Valencia.
  Resúmen: Los árbitros son seres humanos, como los jugadores. Todos cometemos errores, y nadie insulta a un jugador cuando falla un gol tantas veces, pero en una de las opciones, anota.
  Al árbitro, sin embargo, lo criticamos por las malas decisiones. Algunas pueden costar, pero rara vez se le aplaude o reconoce las buenas. Sin embargo, la agresión no puede ser la solución. La violencia nunca termina bien, o acaso usted golpea a un policía de tráfico por amonestarlo.